Aquellos que dicen
Paren el mundo que yo me bajo
saben que el mundo no se va a detener
pero existe una posibilidad
Meditar
La meditación puede detener y transformar tu mundo porque
Meditar es revolucionario
Recuerdo cuando subí por primera vez a un tiovivo. Mi padre me acompañó en ese viaje iniciático para un niño de seis años. Mi madre nos observaba desde fuera. Cuando aquel caballo empezó a subir y bajar, al mismo tiempo que todo giraba, me asusté mucho. Volaba en un Pegaso de cartón piedra y el mundo daba vueltas sin parar. Estaba aterrado, aunque sentía, rodeando mi cintura, las manos fuertes de mi padre. Quise enseguida bajarme del repintado caballo, pero mi padre me dijo: Una vez que empieza el viaje uno ya no puede detenerse.Aun sigo queriendo detener el mundo.
Como no dejaba de llorar mi padre me bajó del caballo, pero aquel suelo de listones de madera seguía dando vueltas. Veía a mi madre pasar veloz como una sombra y parecía que ella me observaba desde otro mundo, un sitio en el que no había contornos sino manchas de colores fugaces. Era imposible parar la rueda de la vida, ni siquiera mi padre podía hacerlo porque mi padre estaba también dentro de la vida. Yo me estaba mareando y entonces mi padre me dijo: Sube al caballo sujétate en la barra y mírate las manos. Me subí al caballo, me miré las manos y el tiovivo se detuvo.¿Te has preguntado alguna vez por qué en algunas áreas de experiencia vives por debajo de tus posibilidades?
No respondas inmediatamente a esta cuestión porque puede ocurrir que quien responda sea tu cabeza antes que tu corazón. Observa a Manuel, el protagonista de la canción, tal vez pienses que ha llegado a la cima de sus posibilidades porque comparte su vida con una muchacha y ha conseguido un buen nivel de renta. Sin embargo, nuestro hombre, no es feliz.Actualmente pienso poco en mi autoestima, porque ese motor de mi viejo Ego GTI, que me dejaba tirado en cualquier cuneta, ahora tiene una salud aceptable, y aunque necesita mantenimiento goza de mi total confianza. No puedo decir que no me haya dado disgustos, pero con llevarlo al taller y apretarle las tuercas de siempre vuelve a rodar de nuevo. He de reconocer que todos vosotros sois muy buenos mecánicos y si no es uno, es otro el que tiene en su poder la llave perfecta para sus descatalogadas tuercas.
El sentimiento positivo de uno mismo es algo que sucede a pesar de los errores, no en su ausencia.
La autoestima, tal como la conocemos, es una cuestión de ámbito personal antes que transpersonal. Un motor, es un motor. Aunque sea lo transpersonal quien nos haga observar con atención y desapego los entresijos de esa máquina, y de esta manera prestar atención a ese ruido mental de perfección, o ese aumento acelerado de revoluciones cuando decimos que sí a todo y que asfixia el motor.
He leído que las personas con mayor nivel de autoestima tienen más capacidad para el amor. He descubierto que, en tiempos pasados, cuanto menos me amaba más alto afirmaba que tenía mucho amor para dar, cuando en realidad estaba pidiendo a los otros ese amor del que carecía.
Solo realizándonos en aquello de lo que carecemos podemos obtener lo que buscamos conseguir. Sé amor si quieres amor. Sé comprensión si quieres comprensión. Tenemos todos los ingredientes ahí latentes, solo hay que emulsionarlos, como dice mi amigo Alejandro.
Todo lo que no es amor es miedo. Hace muchos años que me tragué esa habichuela mágica y aún sigue creciendo dentro de mi esa enredadera trepadora de nubes. Mis amigos me han oído muchas veces decir que solo hay dos emociones fundamentales, el amor y el miedo, y que todas las demás derivan de ellas. Todo ese proceso de descubrimiento fue lento, pero fue preciso ponerse el sombrero de explorador. Y así, esa planta creció lenta y perezosa, a pesar de las podas, y os digo que no deja de crecer porque uno nunca termina de conocer. Por favor, avisadme si veis retoños verdes saliendo de mis orejas.
¿Cómo decirle que practique la atención plena a alguien que está lleno de ira contra los albañiles que están haciendo la reforma de su casa?
Me preguntaba eso el otro día cuando escuchaba a una amiga despotricar, mientras conducía su coche, en contra del fontanero y la empresa de reformas. Dice el Tao:Actúa antes de que las cosas existan
Manéjalas antes de que aparezca el desorden
Recuerda: un árbol que un hombre no abarca crece de una sola semilla.
Es verdad que una vez que el árbol ha crecido es más difícil intentar abarcarlo. Por eso es preciso actuar desde el primer pinchazo de garganta. Y para sentir ese pinchazo debes ser consciente de tus emociones desde mismo momento que nacen, porque luego, una vez que despliegan sus ramas es muy difícil cortarlas. Solo nos acordamos de santa Bárbara cuando truena.Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes. No porque dijera o preguntara algo que llevara a los demás a pensar esas ideas, no; simplemente estaba allí y escuchaba con toda su atención y toda simpatía. Mientras tanto miraba al otro con sus grandes ojos negros y el otro en cuestión notaba de inmediato cómo se le ocurrían pensamientos que nunca hubiera creído que estaban en él
¿Qué tiene Momo que recordarme ahora, tantos años después? Tal vez que para escuchar no hacen falta oídos. Momo escuchaba con sus grandes ojos negros del mismo modo que el terapeuta transpersonal escucha con su corazón.