En el comienzo de 2001, una odisea espacial se nos muestra el amanecer del hombre, y por si hubiera dudas de que esos primates que viven en una cueva al lado de una charca son nuestros ancestros, Kubrick nos lo aclara con un vistoso título:
EL AMANECER DEL HOMBRE.
Al principio a los primates se les ve atemorizados e inquietos en su cueva, pero un amanecer los monos se despiertan y descubren un monolito gigantesco de color negro y dimensiones sagradas. Parece que los simios se han despertado con algo nuevo que no tenían la noche anterior. Sus mentes cambian y a partir de ese momento descubren nuevas formas de supervivencia, son conscientes de su poder y su fuerza y aprenden a matar animales para sobrevivir. Una mañana la tribu de gorilas descubre a otra tribu de sus congéneres bebiendo agua de la charca. Se enfadan con los intrusos y los atacan con los huesos de los animales que les han servido de alimento. Los matan.
En el amanecer del hombre irrumpe de forma violenta la idea de separación.
Cuando ese primate asesino lanza un hueso al aire, 4 millones de años después lo recoge, convertido en un Iphone 6, un humano que está en la sala de espera de su terapeuta.
¿Cómo decirle a ese paciente que el origen de su infelicidad puede estar en que no quiere compartir el agua de la vida?