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Terapia Transpersonal

Terapia Transpersonal Sufrimiento

El origen de la infelicidad

En el comienzo de 2001, una odisea espacial se nos muestra el amanecer del hombre, y por si hubiera dudas de que esos primates que viven en una cueva al lado de una charca son nuestros ancestros, Kubrick nos lo aclara con un vistoso título:

EL AMANECER DEL HOMBRE.

Al principio a los primates se les ve atemorizados e inquietos en su cueva, pero un amanecer los monos se despiertan y descubren un monolito gigantesco de color negro y dimensiones sagradas. Parece que los simios se han despertado con algo nuevo que no tenían la noche anterior. Sus mentes cambian y a partir de ese momento descubren nuevas formas de supervivencia, son conscientes de su poder y su fuerza y aprenden a matar animales para sobrevivir. Una mañana la tribu de gorilas descubre a otra tribu de sus congéneres bebiendo agua de la charca. Se enfadan con los intrusos y los atacan con los huesos de los animales que les han servido de alimento. Los matan.

En el amanecer del hombre irrumpe de forma violenta la idea de separación.

Cuando ese primate asesino lanza un hueso al aire, 4 millones de años después lo recoge, convertido en un Iphone 6, un humano que está en la sala de espera de su terapeuta.

¿Cómo decirle a ese paciente que el origen de su infelicidad puede estar en que no quiere compartir el agua de la vida?

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Consulta Terapia Transpersonal

El arte de acompañar

Siempre son ellos, los ángeles grises de Cielo sobre Berlín, los que aparecen cuando pienso en acompañantes del alma: hombres anodinos en blanco y negro, sin ningún rasgo de emoción en sus miradas, ecuánimes dentro de sus abrigos pardos, austeros en los gestos. Hombres que observan en profundo silencio la grandeza de los hombres y mujeres cuando toma su fuerza de lo terrible y lo espantoso. Es una imagen poderosa que lleva resonando en mi interior los 26 años que vivo en Madrid, porque Cielo sobre Berlín fue una de las primeras películas que vi en los cines Alphaville.

No somos ángeles

¿Por qué esos ángeles que poco tienen que ver con los modelos alados y ensoñados de la Cábala o la religión católica? Ángeles en blanco y negro, negros como el músico Nick Cave (que también aparece en la película) y que nos miran entre el cielo y la tierra sin poder tocarnos, sin poder hablarnos, solo estando ahí, presentes, mientras nosotros viajamos en metro, leemos libros en bibliotecas vacías, o nos paramos en mitad de un puente pensando en abandonar la vida. No podemos verlos desde nuestro cuerpo dolor, pero nuestra alma los intuye en forma de mano invisible que nos anima a levantarnos sin empujarnos, o en forma de brazo de humo que sostiene nuestro cuerpo, sin conseguirlo, cuando ya se ha decidido saltar al abismo (porque vivir no siempre nos parece bello, querido Frank Capra) Soy como un ángel de cielo sobre Berlín que ha tomado cuerpo, y que por eso puede hablar y tocar, soy un acompañante que puede batir sus alas. Vi esas mismas alas en mis terapeutas mientras me acompañan, cuando me sostienen desde una ecuanimidad neutra y una compasión en blanco y negro. Es la misma actitud de aquellos ángeles del Alphaville en 1989, solo que entonces yo podía verlo y comprobar su presencia, y eso me daba fuerza, mucha fuerza. Sé que para el terapeuta mantener esa distancia con el paciente no siempre es fácil porque puede invadirle el deseo de salvar y agarrar, mientras olvida que no está acompañando solo a un cuerpo. He comprendido que la impaciencia del terapeuta ante el dolor del otro solo le señala su falta de confianza en el paciente para que él solo encuentre su camino. Me lo decía hoy mismo una compañera del curso de Terapia Sistémica. Si piensas que una constelación familiar para alguien es acercar una cerilla a una quemadura, esa persona percibirá ese mismo sentimiento. Cuando escuché esa apreciación me di cuenta de que con una actitud salvadora o protectora se está protegiendo al paciente de su propio y legítimo dolor. Y eso no es compasión.

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Terapia Transpersonal mas allá de la persona

¿Es Psicología Transpersonal una canción de Mecano?

Dice Maslow que el verdadero desarrollo del ser humano depende de su comunión con lo que lo trasciende. En este sentido la Psicología Transpersonal nos invita a comunicarnos con aquello que está más allá de nosotros mismos para lograr esa evolución. Ese viaje hacia lo que nos trasciende lo hacemos a través de la persona y sin negar la presencia del ego, porque solo evolucionamos observando nuestros deseos, miedos y contradiciones. La Psicología Transpersonal nos invita a hacernos la pregunta ¿Quién soy yo más allá de la persona?, y al mismo tiempo nos ofrece herramientas para, si es nuestro deseo, intentar responderla. La principal herramienta es la observación. No soy hombre ni mujer, solo soy una persona. Cuando tenía 17 años cantaba esta canción de Mecano con la que pretendía rebelarme frente a las etiquetas. Ahora 30 años después hablar de persona es hablar de otra etiqueta en la que tal vez me sienta igual de atrapado que entonces. Hace unos meses mi amigo Alejandro y yo estábamos viendo Persona, una película de Ingmar Bergman, que muestra el proceso de construcción y destrucción de la identidad de dos mujeres, una de ellas una actriz que ha decidido dejar de hablar (de actuar) y su enfermera. Si persona significa máscara ¿existe entonces una identidad más allá de la máscara?

Cómo enfrentarnos desde la Psicología Transpersonal al hecho de sentirnos atrapados dentro de nosotros mismos.

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Terapia Transpersonal Orientación

Cómo descubrí la Psicología Transpersonal

Hablaré de cómo llegué a la psicología transpersonal desde mi propia experiencia. Creo que siempre he sido consciente de que la psicología transpersonal estaba a la vuelta de la esquina, esperando que la descubriera, pero como en el relato de Paulo Coelho, tuve que recorrer medio mundo para descubrir que el tesoro que buscaba estaba bajo mis pies. Las fuerzas de la psicología son diferentes espejos que nos sirven para observarnos desde diferentes ángulos.

Primera Fuerza: Conductismo

Comencé a ir a terapia porque tenía problemas de pareja. Ya sabéis, nacimiento, amor, trabajo, problemas de pareja y muerte. Siguiendo el guión previsto, con la crisis añadíamos un nuevo ladrillo al muro. En la terapia, mi novio llegó a la conclusión de que yo no lo quería y abandonó la terapia y rompió la relación. No sé en qué orden. Tal vez la relación estuviera ya rota y confiara, como muchos que nos acercamos por primera vez a una terapia, en que el psicólogo iba a salvarnos del sufrimiento.

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Terapia Transpersonal Retiro Vipassana

Retiro Vipassana: diez días de transformación

Estas reflexiones, colmadas de subjetividad, sobre mi primer retiro Vipassana no tienen ningún sentido objetivo o didáctico de lo que es un retiro Vipassana. Solo quiero compartir la sagrada belleza que este retiro ha descubierto en mí. Y cuando digo belleza hablo de equilibrio y armonía antes que de hermosura o bienestar. Por ejemplo, una manzana medio podrida, de las muchas que he visto allí, caídas de los árboles, es bella porque en esa manzana la vida y la muerte se abrazan amorosamente. La belleza que he encontrado en el retiro Vipassana no estaba tanto en lo hermoso como en el abrazo a lo que considero espantoso. Había leído que un retiro Vipassana es una travesía de auto-transformación mediante la auto-observación. Pienso que iniciar cualquier travesía me recuerda el héroe que soy. Cuando decidí hacer el retiro no sabía muy bien qué aventura estaba a punto de protagonizar, pero sabía que la aventura me esperaba. La mañana del día de la partida, después de mi última meditación en casa, el oráculo Inteligencia del Alma me mostró la carta AVENTURA. Un eco lejano me dijo que el retiro Vipassana que estaba a punto de iniciar era una travesía para un héroe. Y como expresé espontáneamente a los demás miembros del grupo durante la ronda de presentaciones en una invisible Tabla Redonda, me sentía como sir Galahad a punto de comenzar la búsqueda del Grial. Me reconocía, pues, como un caballero valiente y confiado, aunque también muy asustado.

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Terapia Transpersonal

Una ventana en la consulta de un terapeuta transpersonal

Abro la puerta y saludo a Luisa con un abrazo suave, apenas un gesto simulado. Creo que no le gusta que un hombre la abrace. La invito a sentarse en el sofá del pequeño recibidor y le digo que espere. Entro de nuevo en mi despacho. Aun no es la hora de su cita. Luisa llega temprano, como siempre, pero esta vez no voy a hacerla esperar hasta que finalice mi consulta con Alberto, porque este martes Alberto no ha venido. Puedo escuchar a Luisa pasar las páginas de las revistas detrás de la puerta cerrada. Son las mismas revistas del martes pasado, pero ella las ojea con urgencia, como si el tiempo pudiera pasar tan rápido como las hojas de papel. Pienso en la ausencia de Alberto, me pregunto por qué no llamó para anular la cita. Nunca había faltado antes. Quiero pensar que Alberto está bien, que no necesita que le llame para confirmar que no se ha vuelto a escapar de casa. Ya sé que no soy el guardián de ese chico, que no puedo mitigar su sufrimiento con mis acciones, que solo puedo ayudarle con mi presencia, con mi apoyo y con mi amor. Aún así siento la desazón, una angustia falsa, pues no puedo confirmar mi temor de que Alberto no ha venido porque las cosas no van bien en su casa. Tal vez se ha quedado dormido, tal vez ha decidido abandonar la terapia, tal vez, tal vez.

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