Terapia Transpersonal Sufrimiento

El origen de la infelicidad

En el comienzo de 2001, una odisea espacial se nos muestra el amanecer del hombre, y por si hubiera dudas de que esos primates que viven en una cueva al lado de una charca son nuestros ancestros, Kubrick nos lo aclara con un vistoso título:

EL AMANECER DEL HOMBRE.

Al principio a los primates se les ve atemorizados e inquietos en su cueva, pero un amanecer los monos se despiertan y descubren un monolito gigantesco de color negro y dimensiones sagradas. Parece que los simios se han despertado con algo nuevo que no tenían la noche anterior. Sus mentes cambian y a partir de ese momento descubren nuevas formas de supervivencia, son conscientes de su poder y su fuerza y aprenden a matar animales para sobrevivir. Una mañana la tribu de gorilas descubre a otra tribu de sus congéneres bebiendo agua de la charca. Se enfadan con los intrusos y los atacan con los huesos de los animales que les han servido de alimento. Los matan.

En el amanecer del hombre irrumpe de forma violenta la idea de separación.

Cuando ese primate asesino lanza un hueso al aire, 4 millones de años después lo recoge, convertido en un Iphone 6, un humano que está en la sala de espera de su terapeuta.

¿Cómo decirle a ese paciente que el origen de su infelicidad puede estar en que no quiere compartir el agua de la vida?

La infelicidad sólo es un síntoma

Un terapeuta, sea cual sea la corriente psicológica a la que pertenezca, siempre pondrá el foco en el síntoma que trae el paciente: mi vecino me roba el agua, la pareja o el trabajo. Porque ese síntoma suele ser el origen de la infelicidad.

Como terapeutas podemos ayudarle a resolver el síntoma diciéndole que hable con el vecino o que observe su relación de pareja. Tal vez así el paciente comprenda que su pareja ya no desea estar con él y tenga que afrontar un duelo.

Hasta aquí todas las terapias coinciden en ayudar al paciente a enfrentar y resolver el síntoma. La persona, en diferente grado, habrá ganado en realización, adaptación, integración y satisfacción. Se ha trabajado el ego y el auto concepto individual: soy un mono que comprende que no puedo quedarme con todo el agua de mi charca.

Sin embargo, resolver ese síntoma no alivia el sufrimiento por dos razones

  • Porque éste se activará con cualquier otra nueva frustración que se nos presente.
  • Porque el dolor o la insatisfacción no proceden de síntomas entendidos como obstáculos. El obstáculo solo nos hace ser conscientes de un dolor más profundo que no reside en el ego herido.

Podemos mirar con buenos ojos el dolor porque el dolor es necesario para que seamos conscientes de nuestra limitación.

Cuando voy a comprar un traje me gusta flexionar bien los brazos delante del espejo, ya que si no puedo hacerlo la chaqueta me viene pequeña. Es la limitación física la que me hace ser consciente. En ese sentido bienvenido sea el síntoma y el obstáculo. Me doy cuenta de que estoy dentro de un traje que no me corresponde. Un traje que habla de individualidad y separación. Mi ego-chaqueta no es capaz de contener la totalidad que soy y por eso sufren sus costuras, no porque la chaqueta sea pequeña, sino porque soy demasiado grande para para experimentar la existencia dentro del ego que me he fabricado.

¿Qué es el dolor desde la Psicología Transpersonal?

El dolor, la costura rota, solo me señala la ilusoria conciencia de separación y desconexión con el yo profundo que soy.

La Psicología Transpersonal transciende los límites del ego y aprovecha los obstáculos para que yo descubra mi identidad esencial, que es la misma identidad del otro que ha venido a beber a “mi” charca. Quien me roba el agua tiene mi misma sed y si él se sacia yo también me saciaré.

El otro día vi un coche donde cada ventanilla trasera estaba marcada con la imagen adhesiva de un niño y una niña. Lo comenté con una amiga y ella me narró las peleas de sus hijos cuando viajaban y uno de ellos miraba por la ventanilla del otro. Me acordé de la charca.

Tanto la integración del ego como la expansión de la conciencia son la suma de varios subprocesos interconectados sin que a simple vista unos sean más importantes que otros.

El camino desde el cuerpo-dolor al Ser siempre es individual aunque la meta sea llegar a lo colectivo.

Partimos del cuerpo porque es el vehículo que contiene la energía, la afectividad y el pensamiento. Comprender que el cuerpo que tenemos es un reflejo del alimento emocional que le hemos dado es un punto de partida.

La emoción se hace carne para que podamos verla.

Como Dorian Gray todos tenemos nuestro retrato de sombras expresado y visible en el cuerpo. El Retrato de Dorian Gray se hizo carne para que Wilde pudiera verse a sí mismo. Doy gracias a las sombras de los escritores que he leído por haber creado tanta belleza.

Soy un monstruo devorador de imágenes corporales y el metro de Madrid es mi territorio. Un cuerpo dice mucho del alma que contiene. Recuerdo la bella afirmación de Sara sobre el cuidado del cuerpo. Somos cuerpos que ríen, gozan, sufren y meditan.

Aceptar la sacralidad del cuerpo es compadecernos de su imperfección, entendida ésta como la no adecuación a lo que nuestro ego espera de él.

Un amigo me dijo una vez que solo espera que el cuerpo le sostenga para todo lo que desea hacer. Ama, cuida y protege y goza de tu cuerpo porque es la casa de Dios y el instrumento de tu sexualidad, la puerta sagrada del otro o la puerta sagrada hacia el otro. Y desde el cuerpo acepto la responsabilidad de la vida. Y desde el barco acepto la responsabilidad de la travesía, porque todo está dentro.

Pero saber que estamos en un barco no significa que hayamos llegado a un destino. El destino se construye en alta mar, día a día, amanecer tras amanecer, acción tras acción. Si no prestamos atención a cada momento, podemos vernos enredados en la travesía con tanta facilidad como nos enredamos en Internet.

Imagino los barcos que partían hacia el Nuevo Mundo. Tal vez hubiera pasajeros que una vez subidos al barco ya creían alcanzado ese nuevo lugar. Un billete no es garantía de destino. Del mismo modo considero que Kay Zen es un barco y que cada uno es el único responsable de su propia travesía. Nada está fuera, todo está dentro. ¿Hicieron los monos responsables de su crimen al monolito sagrado?

Solo entrenando la atención podemos darnos cuenta tanto de lo interno como de lo que nos rodea. Sería un lujo tener un retrato como el del señor Gray.

Una tormenta puede hundir el barco pero solo la falta de atención puede hacernos fracasar en la travesía. ¿Viste las ballenas o estabas en el camarote haciendo un equipaje que has perdido? Todo condice a algo, todo sucede por algo, nada es por azar. Podemos arribar como náufragos conscientes a una isla desconocida o llegar a la costa americana cargados de equipaje con la misma inconsciencia con la que partimos de Europa.

Invierte en aquello que un naufragio no puede arrebatarte. Practicar el desapego entrena la atención. Añorar lo que dejamos atrás o anhelar lo que aún no tenemos impide que estemos en el presente.

Ahora mismo el paciente está en la observación de su confianza en la travesía mientras poner un pie en tierra firme y otro en el abismo, como hizo mi cuerpo el último fin de semana en Kay Zen con su movimiento auténtico. Mientras cruzo un puente que no es visible a los ojos, como hizo Indiana Jones en su última cruzada.

Cuando era niño cantaba una canción en misa: “Nos falta fe, esperanza y caridad”. Iba a la iglesia a cantar sentimientos de carencia. Vivía en la noche. Dice Tagore que la fe es el pájaro que canta antes del amanecer y como Dios puedo afirmar: Hágase la Luz.

Gracias por escucharme

Ubuntu!!!

2 comentarios en “El origen de la infelicidad”

    1. Muchas gracias Félix por tu comentario y por tu aportación a este blog.
      Me ha gustado mucho lo que he leído del libro que recomiendas. Estoy de acuerdo en que el primer paso para superar nuestra limitación para ser felices es aceptar y amar esa limitación. Solo integrando aquello que rechazamos podemos hacerle frente. El oficio de vivir pasa por experimentar el contraste, y observar, sin rechazar, lo que nos aleja de la felicidad es el primer paso para acercarnos a ella.

      Un abrazo

      Javier

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