Cómo encontré el amor definitivo estando soltero

Cómo encontré el Amor Definitivo siendo soltero

¿Cómo he alcanzado la paz interior en mis relaciones de pareja?

Para responder a esa pregunta he hecho este vídeo en el que te muestro las 9 puertas que tuve que cruzar para encontrar el Amor Definitivo.

¿Qué es el Amor Definitivo?

El Amor Definitivo es el amor que tienes dentro de ti.

No es el amor que espero recibir de los demás sino el amor que doy a los demás.

Por eso es definitivo porque nadie puede arrebatármelo.

Nadie puede impedir que mi luz interior ilumine mi camino y que el amor me rodee, como cantamos al final de una sesión de Kundalini Yoga.

Para llegar a ese amor interior hice un camino que tú también estás siguiendo.

Nadie me dijo cuáles eran las puertas que tenía que cruzar, por eso en este vídeo voy a mostrarte las 9 Puertas que me llevaron al Amor Definitivo.

1.    La Puerta de la Queja: Mientras tanto miro la vida pasar

La primera puerta del viaje hacia el Amor Definitivo es la Puerta de la Queja.

Es decir, si no te das cuenta de que estás quejándote de todo lo que te ocurre en relación con el amor no puedes empezar este viaje.  

Cuando estás en la Queja Continua tienes que reconocer que no estás en paz y que hay un profundo malestar en tu vida. Un dolor que no comprendes y que te parece imposible de sanar por eso siempre estás quejándote de todo.

No es fácil darse cuenta de esto, sobre todo si tienes en tu cabeza el cascarón del pollito Calimero para quien todo lo que le ocurría era una injusticia.

¿Cómo no voy a quejarme con todo lo que me pasa? Me puedes decir.

Bien. Quéjate. Quéjate mucho como si fuera la última vez. No digo que no te quejes. Hazlo y, al mismo tiempo, date cuenta de que te estás quejando.

Hoy día la queja tiene tan buena prensa que si no te quejas eres un manso o alguien que no siente las injusticias de la vida. De este modo conviertes la queja en una forma de vivir y ni siquiera te das cuenta de que no estás en paz. Crees que la vida es infelicidad y victimismo.

Hemos convertido la queja es nuestro lenguaje cotidiano y no nos damos cuenta de que si no nos quejamos no sabemos qué decir.

Yo siempre me he quejado del amor y presumía de ser un hombre anti-pareja.

¿Por qué?

Porque creía que el amor no es para mi.

Y todo lo que me pasaba me daba la razón y confirmaba esa creencia. ¿Cómo no me iba a quejar?

Mientras tanto miro la vida pasar.

Después del duelo de mi última ruptura, la vieja creencia de que yo no servía para tener pareja se confirmó de forma definitiva.

“Acéptalo Javier, tú no sirves para esto. ¿No te das cuenta de que hagas lo que hagas en el amor siempre la cagas? Lo tuyo no tiene remedio.” Me decía una voz en mi interior que se parecía mucho a la voz de mi madre.

Estoy solo, es cierto, pero estoy en paz y no ando discutiendo todo el día con mi pareja, le respondía es esa voz. Acepto que soy un inútil en el amor, pero soy feliz en soledad.

¿Y si estás en paz por qué te sienta mal que todos tus amigos tengan pareja? Me decía la voz. ¿Por qué te alegras cada vez que discuten? ¿Por qué aplaudes en secreto cuando se separan? Lo haces para confirmar tu creencia de que el amor es una mierda.

Y la voz tenía razón.

Yo mientras tanto miraba la vida pasar, sentado en mi tren de la comodidad. Detrás del cristal la vida no mancha.

DE esta manera miraba la vida pasar ¡de largo! Porque yo no sentía que estuviera en la vida, sino todo lo contrario. Me sentía fuera de ella. Expulsado del amor y de la vida.

Esto es un timo.

La vida es un fraude me decía. No puede ser esto.

Tenía 45 años y me preguntaba cuáles eran los hitos que aún me quedaban por vivir.

  • Tal vez comprarme en una nueva casa con una hipoteca más grande.
  • O escalar un nuevo puesto de trabajo más estresante que el anterior.
  • Hacer un viaje más lejano, más caro y más agotador en mis próximas vacaciones.
  • Y también, claro está, me faltaba aún arruinar unas cuantas relaciones de pareja más hasta quedarme solo y viejo.

¿Has tomado nota de todas las quejas que te acabo de mostrar?

Tenía casa, dinero, salud, pero no tenía amor. Esta es otra queja.

Parecía que lo que me deparaba el futuro era más de lo mismo. Una vuelta más en el carrusel de la existencia.

¿Sabes como me sentía?

Me sentía como un pasajero en un vagón, siguiendo al pie de la letra el carril previsto, circulando por una vía muerta que terminaba ¡¡¡en el cementerio!!!

Mientras tanto la vida, lo que yo llamaba estar vivo, era lo que pasaba ahí fuera, lejos de los raíles de la queja, la seguridad y el aburrimiento.

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Debía haber algo más ahí fuera ¿Por qué no iba a buscarlo? ¿Por miedo? ¿Comodidad? ¿Pereza?

¿Qué me impedía salir de ese hotel adormidera que yo llamaba mi vida aburrida?

Tu turno

Ahora es tu turno. Cuéntame:

¿Has cruzado ya la puerta de la Queja Continua? ¿O no te das cuenta cada vez que te quejas? ¿No puedes parar de quejarte de lo que te ocurre en el amor? ¿Qué te está impidiendo salir del aburrido rail de tu existencia? ¿Qué es lo que te queda por vivir?

2.    La Puerta de la Decisión: El día que salté del tren del aburrimiento.

La segunda puerta del viaje hacia el Amor Definitivo es la Puerta de la Decisión.

¿Y qué fue lo que decidí?

Decidí saltar del Tren de la Comodidad.

Me consumían la rabia y la impotencia. Sobre todo, la rabia.

Esa voz dentro de mi me decía:

“Pobre diablo, qué pena me das. Tanto dolor, tanto sufrimiento en el mundo de las relaciones para quedarte ahí sin hacer nada. Tú ahí sentado en tu vagón mirando la vida pasar esperando que las respuestas te las traiga el viento.”

Y entonces salté del tren y decidí hacer otro viaje, un viaje profundo en busca de respuestas.

No sé si a ti te habrá pasado algo parecido, pero cuando decides actuar se ponen en marcha las maquinarias de la alegría y la vida te acompaña y te da pistas para seguir adelante: un mensaje en el teléfono, un vídeo que ves, un cartel que te llama la atención…

La Vida siempre nos está hablando si sabemos escucharla.

Entonces me di cuenta que la solución a mi malestar emocional pasaba por el desarrollo personal y la conexión con esa parte de mi interior que es sabia, compasiva y amorosa.

El desarrollo personal era el conejo blanco de Alicia. Sentía que estaba llegando tarde a esa cita conmigo mismo y tenía que alcanzar al conejo antes de que fuera demasiado tarde.

Un amigo me escribió y lo que me dijo me pareció una locura entonces, al mismo tiempo, un impulso irrefrenable me llevó hasta ese lugar del que me hablaba mi amigo. Ese sitio era la Escuela Transpersonal.

Tras una entrevista en la que me “advirtieron” de los riesgos, tomé la decisión de hacer la formación como Especialista en Terapia Transpersonal.

¿Y cuáles eran esos riesgos?

Los alumnos viven cambios profundos durante la formación, me dijeron Gendo y Lucía, dos formadores. Ellos, los alumnos, a veces dejan sus trabajos, se separan de sus parejas, o se marchan a países lejanos. Esta formación no deja indiferente a nadie.

Como dice Carlos Berlanga, la decisión se puso en práctica y nadie se atrevió a dudar.

Tu turno

Ahora es tu turno. Cuéntame:

¿Has cruzado ya la puerta de la Decisión? ¿Crees que existe otro camino hacia tu felicidad que no pase por tu desarrollo personal? ¿Qué has aprendido hasta ahora en tu proceso de crecimiento?

3.    La Puerta de la Duda: Cayendo en la madriguera del conejo blanco

La tercera puerta del viaje hacia el Amor Definitivo es la Puerta de la Duda.

Durante el primer año de Escuela me sentía como Alicia en caída libre dentro de la madriguera del conejo blanco.

A medida que más conocía mi inconsciente menos quería conocerlo.

Al mismo tiempo, cuando uno cae en la madriguera todo se pone patas arriba mientras no puede evitar la caída libre.

Durante los años de Escuela, la percepción que yo tenía de mi mundo se derrumbó, y eso me daba mucho miedo. Al final iban a tener razón Gendo y Lucía.

Recuerdo que cada viernes antes de ir a Kayzen, a la formación del fin de semana, deseaba profundamente no ir. No quería pasar un mal rato, me decía.

Sentía que cada vez tenía menos razones para quejarme al mismo tiempo que mi malestar no desaparecía. Yo quería seguir sintiéndome como el pollito Calimero.

Me estaba dando cuenta de que el coste de cambiar mi modo de pensar era demasiado grande.

Creía que no estaba preparado, ni dispuesto, a renunciar a ciertas ideas que la experiencia personal me había demostrado que eran ciertas. Esas ideas me definían.

Como dice la canción, sin mis ideas soy un hombre perdido.

¿Qué ideas eran estas?

  • La vieja creencia de que yo no servía para tener pareja porque que nadie podía satisfacer mis necesidades.
  • La creencia toda mi vida atesorada de que amar significaba renunciar a la libertad.
  • Estaba convencido, también, de que la soledad era el coste que tenía que pagar para evitar males mayores. Mi última relación era la prueba evidente de eso.
  • Pensaba, por lo tanto, que era preferible estar solo antes que mal acompañado.

¿Cómo iba a renunciar a mis ideas?

Aprender es lo mismo que cambiar y para cambiar era preciso soltar creencias equivocadas que me definían y que eran valiosas para mi.

Eran ideas que me causaban mucho dolor, es cierto, y al mismo tiempo me daban identidad y seguridad. Es que yo soy así, me decía. Yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré…

¿Qué me estaba pasando? Seguía en caída libre. Todo estaba patas arriba y eso me llenaba de intranquilidad.

No sabía que lo más difícil de mi proceso de desarrollo personal estaba aún por llegar.

Tu  turno:

Ahora es tu turno. Cuéntame:

¿Has cruzado ya la puerta de la Duda? ¿También te cuesta asumir la responsabilidad de lo que sientes? ¿Has perdido la fe en el desarrollo personal para lograr ser feliz? ¿Piensas que solo hay vendehúmos que no predican con el ejemplo?

4.    La Puerta del Arrepentimiento. Volver a ser un niño

La cuarta puerta del viaje hacia el Amor Definitivo es la Puerta del Arrepentimiento.

Estaba claro que no me gustaba la idea de no poder quejarme y sentirme una víctima de las circunstancias.

Cada vez que buscaba la protección estaba defendiendo mi victimismo.

El camino del desarrollo personal no molaba tanto como pensaba. ¿Y para eso me estoy gastando una pasta?

Recuerdo que lo más importante del primer año fue el descubrimiento de mi niño interior. Yo había oído hablar mucho del niño interior herido, pero me parecían chorradas espirituales. Mi infancia había sido maravillosa. Punto.

Ese domingo, tras hacer un collage de recortes, descubrí a mi niño interior, como si estuviera en el fondo de un agujero, olvidado e ignorado por mi durante muchísimos años.

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Me di cuenta de la profunda necesidad de amor que tenía en la actualidad. Y que era, además, la misma necesidad de amor que tenía ese niño de 5 años.

El arrepentimiento

Fue entonces cuando me arrepentí de haber iniciado mi proceso de desarrollo personal. Por supuesto no lo comuniqué a nadie. ¿Qué pensarían de mi?

Si no hubiera perseguido al conejo blanco ahora no estaría en esa situación de duda e incertidumbre.

Antes de cruzar la Puerta de la Decisión tenía claro que los demás eran los culpables de lo que me ocurría. Ahora me sentía perdido y angustiado porque asumir la responsabilidad de una vida duele mucho.

Me vi en un callejón sin salida. Ya era tarde para echarse atrás.

Yo seguía cayendo por la madriguera.

Estaba claro que una parte de mi se resistía a crecer. Una parte de mi quería seguir siendo un niño, una víctima.

Y si quería dejar de ser un niño tenía que tomar decisiones dolorosas. Decisiones de adulto.

Entonces lo vi todo con claridad y llegó el gran descubrimiento.

Ahora es tu turno:

Ahora te toca hablar a ti. Quiero escucharte.

¿Has cruzado ya la puerta del Arrepentimiento? ¿Te has dado cuenta de que sigues necesitando el mismo amor que si tuvieras 5 años? ¿Crees que tal vez hubiera sido mejor no haber iniciado este viaje hacia el Amor Definitivo?

5.    La Puerta del Descubrimiento. El baile de máscaras.

La quinta puerta es la Puerta del Descubrimiento.

Crucé esa puerta cuando hice mi primera constelación familiar.

No sé si has hecho alguna vez una constelación familiar. Es una representación de tu sistema familiar de origen, con papá, mamá y tú.

En esa experiencia comprobé que en muchos aspectos de mi vida seguía comportándome como un niño que no quiere disgustar a su madre.

Es decir, descubrí que quien gobernaba mi vida era mi niño interior herido. Yo era una marioneta de ese niño:

  • Ese niño había creado la máscara del huidizo porque creía que la mejor manera de evitar el sufrimiento era huir de la intimidad. Por esa razón siempre se encargaba de sabotear mis relaciones de pareja. Tú estás mejor solo, decía esa máscara.
  • Además, ese niño, había fabricado también la máscara de la rigidez para desconectarme de mis emociones y protegerme así del dolor de no sentirme amado. Si no sientes no sufres, decía esa máscara.

Me di cuenta de que la voz que escuchaba en mi interior, esa voz crítica de la que he hablado antes eran mis máscaras de huidizo y rigidez.

Descubrir mi máscara del huidizo y mi máscara de rigidez me ayudaron a aceptarme y comprenderme y sobre todo a amar mis heridas infantiles.

Ahora es tu turno:

Ahora es tu turno. Cuéntame:

¿Has cruzado ya la puerta del Descubrimiento? ¿Ha ocurrido algo en tu vida que lo ha cambiado todo? ¿Has encontrado un maestro, un mentor que te ha mostrado lo que no habías visto hasta ahora?

6.    La Puerta del Progreso. Ser un hombre

La sexta puerta del viaje hacia el Amor Definitivo es el la Puerta del Progreso.

En la película «Indiana Jones y la Última Cruzada», Indiana se encuentra frente a un gran abismo y tiene que cruzarlo para que su padre no muera. Su guía dice que «solo un salto de fe puede probar su verdadero valor». 

Indiana escucha a su padre que le dice: Tienes que creer. Entonces Indy da un paso de fe hacia el abismo y el vacío lo sostiene en el aire.

¿Recuerdas la escena de esa película?

Yo necesitaba un salto de fe que probara mi verdadero valor como hombre. Tenía que arriesgar. Solo las acciones podían dar fe de lo que pasaba en mi interior.

Por mucha fe que diga que tengo en mi mismo, si la experiencia no me muestra lo que creo acerca de mi, si todo sigue igual en mi vida, no habré aprendido nada.

Yo soy el único responsable de mi vida. Yo creo mi vida con mis decisiones y mis acciones.

Si mi realidad no cambia sigo anclado en las viejas creencias del pasado. Porque son mis creencias las que crean mi realidad. No es la realidad la que crea mis creencias.

Obras son amores y no buenas razones

Había tomado la decisión de hacerme responsable de mi vida y abandonar el sentimiento de víctima.

Yo no era una víctima del mundo, mi mundo solo era un reflejo de mis pensamientos y mis creencias.

Y había decidido cambiar mis creencias inconscientes acerca de la vida, acerca de la muerte y acerca del amor.

Uno de esos cambios visibles fue dejar mi trabajo para dedicarme a acompañar a personas en sus procesos de desarrollo personal.

Quiero repetir que todos los cambios son internos y el exterior cambia para adaptarse a tus nuevas creencias.

Como dice Un Curso De Milagros, la experiencia siempre responde a las emociones que crean los pensamientos.

Y mi experiencia en el mundo de la forma cambió para alinearse con mis nuevas emociones.

Otro cambio visible e importante fue terminar un modelo de relación de pareja que solo fortalecía mi victimismo y mi falta de autonomía.

No fue fácil hacerlo porque sentía apego hacia mis viejos patrones de niño necesitado de amor.

Al mismo tiempo sabía que eso era lo que debía hacer para alinearme con mi mente recta.

Ahora es tu turno:

Ahora te toca a ti. Cuéntame:

¿Has cruzado ya la Puerta del Progreso? ¿Has sentido que las derrotas se están convirtiendo en pequeñas victorias? ¿Puedes comprobar que tu vida se está alineando con tu propósito?

7.    La Puerta del Triunfo: La conquista de la Responsabilidad.

La puerta número 7 es la puerta del Triunfo.

Como he dicho antes el cambio principal fue dejar de ser un niño para convertirme en un hombre.

Es decir, el cambio más importante fue abandonar el victimismo para asumir la responsabilidad de mi vida. Decir adiós al niño y decir hola al hombre.

¿Y cómo me di cuenta de que había asumido la responsabilidad?

Porque dejé de quejarme todo el tiempo de todo, de mi soledad, de mi madre, de que no tenía parea o del dolor que me causaba tener pareja, etc.

Ser responsable es admitir que creamos constantemente nuestra vida y que debemos asumir todas las consecuencias de nuestras decisiones, de nuestros actos y de nuestras reacciones

Me había dado cuenta de que en la vida no atraes lo que quieres sino lo que eres. 

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Y entonces empecé a comportarme como la persona de la que se enamoraría mi pareja ideal.

¿Qué fue lo que me pasó?

  • Decidí ocuparme de mi niño interior y asumir la responsabilidad de darle todo el amor y la atención que antes les exigía a mis parejas.
  • Dejé de sentir la necesidad de tener una pareja y eso me volvió mucho más atractivo.
  • Comprobé que solo cuando te sientes en plenitud puedes atraer a tu lado a la persona con la que compartir tu felicidad.
  • Me invadió de nuevo la alegría. Sí digo “de nuevo” porque la alegría siempre estuvo dentro de mi, pero yo la tenía secuestrada con la queja permanente de mi niño herido.

Ahora es tu turno:

Ahora es tu turno. Te toca hablar a ti.

¿Has cruzado ya la Puerta del Triunfo? ¿Has sentido que has logrado aquello que más anhelabas? ¿Puedes comprobar que tu vida es coherente con lo que deseas?

8.    La Puerta de la Reflexión. La transformación

La octava puerta es la puerta de la Reflexión.

Los años de formación en la Escuela Transpersonal me llevaron hacia el interior. Descubrí mi fuerza espiritual y la conexión con el Yo Esencial.

Cuando tomé la decisión de emprender este viaje hacia mí mismo creía que la causa de mi malestar y mi sufrimiento estaba en los demás. 

Ahora, al final de este viaje me doy cuenta de que la causa de mi dolor está dentro de mi, en mis pensamientos y mis creencias aprendidas.

Dice Un Curso de Milagros que es imposible cambiar nada en el presente si su causa se encuentra en el pasado.

La causa de mi dolor está en las creencias erróneas de mi niño interior. Solo sanando a ese niño puedo encontrar el Amor Definitivo en el presente.

En el Templo de Marte habita Cupido

Nací bajo el signo de Aries y Marte, el planeta rojo, ha activado mi lado guerrero en las relaciones de pareja.

Cuando juego a tener razón estoy sacando mi lado guerrero.

Antes pensaba que ese lado era el responsable de que no pudiera encontrar pareja, hoy tengo claro que mi lado guerrero solo es la manifestación de las máscaras que protegen mis heridas infantiles.

Antes no estaba dispuesto a abrirme a algo nuevo y permitir que el cambio se produjera en mí. Es decir, no estaba dispuesto a aprender.

¿Por qué no estaba dispuesto a aprender?

Porque para mi era más importante tener razón que ser feliz.

Para que el aprendizaje se produzca uno tiene que estar en disposición de cambiar.

Ahora sé que la pareja es el mejor espejo donde se reflejan mis mejores cualidades y también mis sombras más profundas.

Me he dado cuenta de que la razón de no encontrar pareja era el miedo a que mi futura pareja me mostrara esas sombras profundas, esa parte que no quiero ver de mí mismo.

He descubierto que el sufrimiento solo aparece cuando hago caso a mis creencias equivocadas sobre lo que creo de mí mismo y no me abro a lo nuevo que está por venir.

Ahora sé que una relación de pareja debe nacer con un propósito común claro.

La finalidad de la pareja no es encontrar una relación perfecta sino aprovechar  cualquier oportunidad para llevar a mi mente más allá de la idea que tengo de mí mismo.

¿Qué fue lo que aprendí de mi viaje hacia el Amor Definitivo?

  • Aprendí que nadie puede darme la felicidad ni resolver lo que finalmente es un asunto de mi incumbencia solamente.
  • Descubrí que el amor no puede darse ni recibirse solo puede compartirse y expandirse porque el amor ya forma parte de cada uno de nosotros.
  • Comprendí que a la vida le da lo mismo que tengas pareja o no, la vida lo que quieres es que ames de verdad.
  • Aprendí que cada uno de nosotros es amor en ausencia de miedo.

Ahora puedo decir esto desde una paz y una serenidad que me ha costado mucho conseguir.

Es precisamente porque he llegado a esa comprensión que he querido contarte cómo lo hice.

Ahora es tu turno:

Ahora es tu turno. Te toca hablar a ti.

¿Has cruzado ya la Puerta de la Reflexión? ¿Puedes observar el camino recorrido en tu proceso de desarrollo personal? ¿Estás viendo un antes y un después en tu vida? ¿Te das cuenta de la transformación que has vivido?

9.    La Puerta del Principiante: Seguir subiendo

La última puerta de este viaje hacia el Amor Definitivo es la Puerta del Principiante.

Un proverbio zen dice:

Maestro, ¿y cuando lleguemos a la cima qué debemos hacer?

A lo que el maestro responde: Seguir subiendo.

En el camino del amor y la pareja nunca terminamos de subir porque nunca terminamos de aprender.

La vida es cambio y transformación.

Para que el cambio se produjera dentro de mi tuve que adquirir una mentalidad de principiante, es decir, una mentalidad de no saber, y permitir el proceso de cambio.

Tuve que permitir abrirme a lo nuevo y a lo desconocido.

Ahora se trata de mantener esa mentalidad de principiante. Reconocer que no sabemos y que hacemos en cada momento lo que podemos.

Solo desde ese no saber podemos estar dispuestos a aprender.

Cada persona, cada pareja que aparece en nuestra vida ha sido llamada para aportarnos algo que no sabemos aún. Eso es lo que dice Un Curso de Milagros.

La voz de mi Yo Esencial

Por eso decido hacer caso a la voz de mi alma, la voz de mi Espíritu o mi Yo Esencial.

Esa llamada interior fue la que me guio durante todo mi proceso de transformación hacia el Amor Definitivo.

Reconozco que hasta que crucé la Puerta de la Decisión de trabajar en mi desarrollo personal, había ignorado mis inquietudes espirituales.

La espiritualidad le dio un nuevo sentido a mi existencia.

Desde el Yo Esencial puedo tener una nueva visión y dar la bienvenida tanto a las épocas que tengo pareja, como a las épocas que no la tengo.

Sé que en los conflictos de pareja o de soledad no deseada, está la semilla de mi felicidad futura.

Ahora sé que arruinar una relación de pareja no es un fracaso sino una herramienta de aprendizaje para lograr sentirme más pleno y feliz.

Cuando me ocupo de satisfacer mis propias necesidades sin esperar que venga nadie a satisfacerlas, en ese momento en el que siento que no necesito tener pareja, es cuando precisamente estoy preparado de verdad para crear una relación dichosa.

Ahora es tu turno:

Ahora es tu turno. Te toca hablar a ti.

¿Has cruzado ya la Puerta del Principiante? ¿Te has dado cuenta de que nunca terminas de aprender y que cada nueva pareja es un nuevo comienzo? ¿Eres capaz de ver lo que acontece en tu vida amorosa desde la perspectiva de tu Yo Esencial? ¿Sientes que has encontrado el Amor Definitivo?

Ubuntu!!!

2 comentarios en “Cómo encontré el Amor Definitivo siendo soltero”

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