¿Qué es la Terapia Transpersonal?

 

Terapia Transpersonal

Hablar de terapia transpersonal no es hablar tanto de problemas humanos como de amor y vida.

Si asociamos el concepto terapia al concepto remedio o medicina, entonces iniciar una terapia transpersonal puede significar comenzar un proceso de curación de lo que necesita sanarse.

Sin embargo, se trata más bien de iniciar un proceso de comprensión de lo que me está pasando, en relación con mi vida. 

Una vida observada por el terapeuta transpersonal desde un espacio interior en el que tienen cabida no solo experiencias de humanidad y amor, sino también historias de dolor y sombra.

Historias y experiencias que despiertan en ese observador llamado terapeuta, el anhelo de acompañamiento y compasión.

Una terapia transpersonal será aquella que finalmente nos ponga en contacto con nuestra identidad esencial. En realidad, el término trans-personal hace referencia a lo que está más allá de la persona.

Desde esta perspectiva, la terapia es un viaje que se hace “acompañado” y cuya meta es “el sí mismo profundo” con todas sus sanadoras consecuencias. Por tanto, en psicología transpersonal, el término “terapeuta” significa “acompañante” y lo que realmente resuelve problemas es el crecimiento personal y la expansión de consciencia.

Las personas que usualmente solicitan terapia pueden considerarse individuos plenamente sanos que simplemente quieren ser más felices de lo que son. Se trata de personas que o bien están atravesando una crisis o bien desean examinar alguna cuestión de su propia vida y sentirse orientadas hacia un desarrollo integral que dé sentido a sus vidas.

José María Doria

En la terapia transpersonal sabemos que el crecimiento y la maduración de un ser humano pasan primero por el enfrentamiento con aquello que no nos gusta de nosotros, es decir por la visión de la propia sombra o territorio reprimido, y como segundo paso parece requerirse su posterior aceptación e integración.

Todo salto evolutivo discurre por una primera fase en la que establecemos diferencias para, más tarde, proceder a integrarlas.

Los episodios de sufrimiento y crisis que vive un ser humano cuando habitualmente acude a un terapeuta señalan no sólo los dolores de parto de un nuevo yo emergente, sino también las resistencias a aceptar “lo que hay”.

Sin duda se trata de episodios que aunque de apariencia negativa vienen a nuestras vidas cargados de crecimiento futuro y son las verdaderas oportunidades que nos brinda el universo para el cambio y la superación.

Una terapia transpersonal es un viaje inteligente y amoroso al interior del otro. En este sentido un terapia eficaz implica tres aspectos esenciales:

  1. Un profundo nivel de conciencia
  2. Un gran sentido común
  3. El amor que se deriva de todo ello.

El profundo nivel de conciencia de la terapia transpersonal

Hablar de terapia transpersonal es una forma de referirse a lo “espiritual”, pero entendiendo por espiritual algo que no se basa en creencias religiosas, credos o seguimientos a personalidades supuestamente iluminadas.

El término transpersonal hace referencia al grado de amor y expansión de la consciencia hacia la unidad que un ser humano ha alcanzado a lo largo de su vivir.

Desde esta perspectiva, la evolución se considera como un camino de tres fases o escalones:

  • Nacemos en la preconsciencia o fase prepersonal del niño.
  • Pasamos luego a la consciencia o fase personal del adulto.
  • Finalizamos en la supraconsciencia o conciencia de unidad, donde se alcanza el estado transpersonal del sabio o el anciano iluminado.

Cuando era niño, en mi etapa preconsciente, fui monaguillo y en mi espiritualidad de adulto residen hoy, transformadas en sabiduría, algunas canciones que aprendí en la iglesia.

Aún resuena en mí aquella canción que decía “somos un pueblo que camina y juntos caminando podremos alcanzar una ciudad que no se acaba, sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad”.

Esa ciudad era un lugar mítico en mi mente de niño, la imaginaba como una Atlántida de piedra blanca y cristal donde solo existía amor y felicidad entre sus habitantes y donde siempre hacía buen tiempo.

Observo ahora cómo durante la preconsciencia ya resonaba en mí tímidamente una idea de supraconsciencia, y entonces estaba muy lejos de conocer la terapia transpersonal.

Digo ahora que somos exploradores de esa ciudad mítica, auténticos Indianas Jones en busca de la conciencia de unidad perdida.

En la película de Spielberg, los buscadores tuvieron que vendarse los ojos para sobrevivir a la visión extática del contenido del Arca. Ellos renunciaron a la visión del contenido de aquello que con tanto anhelo estaban buscando.

Lo esencial es invisible a los ojos, decía el pequeño príncipe, y la terapia transpersonal pretende crear vías que nos conecten con eso que no podemos ver pero que representa el lugar de donde venimos y el lugar hacia donde vamos.

Somos caballeros en busca de un Grial, que mira por dónde, fue otra de las cruzadas del señor Jones.

Y recuerdo otra película, Excalibur, donde el caballero que más cerca estuvo de hallar esa copa de la vida, estaba colgado por el cuello de un árbol, y mientras se balanceaba consiguió vislumbrarlo en toda su magnificencia solo en el momento mismo en el que sus ojos dejaron de ver.

Un gran sentido común.

Para ayudar a un ser humano en una terapia transpersonal, se precisa de un gran sentido común, de un corazón amoroso y hacer las preguntas adecuadas para que el interlocutor mire allí donde el terapeuta siente que merece la pena tomar conciencia.

La terapia transpersonal es un viaje al interior del alma humana, y solo como alumno de la vida puede el terapeuta acompañar a otro.

Sucede, en muchos casos, que el terapeuta sentirá que eso que le ha pasado a quien tiene al lado, es casualmente algo que en alguna medida también le ha pasado a él.

El terapeuta no puede acompañar al paciente más lejos de dónde él mismo, en su propia experiencia, ha llegado.

Como terapeuta, reconozco humildemente que observar el dolor de mis pacientes evoca mis propios dolores pasados.

Reconozco que sus conflictos fueron mis conflictos y que me veo reflejado en la confusión, la duda, la locura o el bloqueo de aquel a quien acompaño.

La terapia transpersonal es un proceso de doble sentido entre paciente y terapeuta.

El terapeuta transpersonal ha observado suficientemente sus conflictos y se ha reconocido en sus diferentes crisis mientras abraza su catálogo de sombras con vocación de lucidez.

Y es desde esa experiencia de vida, actualizada a su nivel actual de consciencia, que el terapeuta puede acompañar desde el amor y la compasión.

Aceptar que el dolor es el motor de la búsqueda hacia la mariposa que somos no es tarea fácil.

Es muy difícil aceptar eso y por esa razón no deja de ser un profundo goce ayudar a alguien a conseguirlo.

Aquí entra en conflicto la idea del Mal que uno tiene.

Digamos que el mal no existe, que solo existe la ausencia del bien, pero aunque no exista, si experimento el dolor, inconscientemente asocio el dolor al mal.

El llamado mal es tan solo fruto de la desatención, el egoísmo y la ignorancia.

La presencia, vivir el aquí y el ahora, disuelve el mal, porque el mal necesita memoria y tiempo para sobrevivir, necesita mente pensante.

La terapia transpersonal nos invita a instalarnos en el momento presente y desde ahí observar el dolor que sentimos.

¿Pero qué hacer ante el dolor que causa el mal encarnado en una acción humana?

Leí hace tiempo una entrevista al Dalai Lama, donde contaba el caso de un monje que había sido prisionero del ejercito chino y que consiguió escapar de sus captores y regresar al monasterio. Cuando relató su experiencia al maestro, el monje lamentaba que no había conseguido mantener la iluminación mientras lo torturaban, decía que no había podido evitar odiar a sus violadores.

Cuando leí aquella entrevista reconozco que no pude digerir su enseñanza.

Pero el tiempo me ha ayudado a integrar lo que entonces me pareció tan difícil de aceptar. Como todos, también he vivido experiencias muy dolorosas, y he aprendido a curar el daño vivido a través de la compasión y el perdón, porque ya no recreo esas situaciones pasadas con la angustia y el rencor con que antes la vivía.

El amor como medicina

Un terapeuta transpersonal no nace después de la obtención de un título universitario.

La terapia transpersonal la ejercemos aquellos que de forma natural tendemos a ofrecer ayuda a quienes están atravesando una etapa difícil, los terapeutas somos seres orientados a cooperar con los que piden ayuda, ofreciendo nuestra escucha atenta, inteligente y compasiva.

Terapia transpersonal es acompañar mientras se reconoce a la sombra, aquello que no nos gusta de nosotros mismos.

En una terapia transpersonal aprendemos a mirarla de frente, para luego integrar esa sobra y poder amarla.

Amar aquello que nos hizo crearla como una forma de defensa ante el dolor que sufrimos en el pasado, pero que como una coraza actúa como origen del dolor del presente.

Hacer terapia transpersonal es aceptar la razón de mi sufrimiento como una forma de crecimiento hacia mi yo mas puro y esencial.

Todo eso requiere humildad, pero ¿cómo ser humilde ante un terrorista emocional o ante una bestia que te acaba de arrancar un brazo?

Pienso que sólo reconociendo nuestra esencia superior y conectando con nuestra identidad esencial.

Cuando a lo largo de nuestra vida atravesamos episodios de dolor y perturbación, buscamos allí donde nunca antes hemos mirado.

Sucede que abrimos nuestra mente y nuestro corazón de manera plena a la llegada de aquello que intuimos resonar con la bondad, la verdad y la belleza. Son momentos en los que, aunque aprieta el dolor, lo extraordinario se aproxima veloz a nuestras vidas, en realidad son momentos cargados de Amor y Dios.

¿Pero qué es aquello que abre caminos de luz en la oscuridad y activa la alegría primordial temporalmente nublada?

¿Acaso el poder de la técnica?

¿El conocimiento académico?

¿la pastilla milagrosa de Matrix?

Lo que realmente cura al ser humano es el amor.

“El amor, esa palabra” que diría Julio Cortázar nos rodea por todas partes. Love is all around you, canta Bjork.

Sin embargo no somos capaces de verlo más allá de ese amor pequeño que sentimos hacia las personas que nos importan.

Amamos aquello que nos produce satisfacción y cuando ese placer desaparece, ese amor puede ser reemplazado por el rechazo y el odio.

“Te darán amor, te cuidarán, te darán amor, tienes que creerme. Quizás no desde las fuentes en las que derramaste el tuyo. Quizá no en la dirección en la que estás mirando”, dice Bjork.

La terapia transpersonal está rodeada de amor.

El amor transpersonal no es un amor condicionado por conductas ajenas sobre las que no podemos influir.

El amor transpersonal carece de objeto porque brota de la esencia profunda del ser, desde esa conciencia de unidad de la que hablaba antes y desde la cual no existe separación entre nosotros y los demás.

En este sentido la pureza es importante, la inocencia, ser como aquel niño del cuento de Andersen que gritó a todos: El emperador está desnudo.

Solo a través del amor podemos recuperar la inocencia, y solo a través del amor a la sombra recuperar la conciencia.

La terapia transpersonal nos ayuda a crear esas avenidas neuronales, esas vías romanas que vamos creando piedra a piedra, golpe a golpe y verso a verso.

 

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