¿Por qué soy terapeuta transpersonal?

Terapeuta Transpersonal con alas

Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.

Peter Handke

¿Por qué soy terapeuta transpersonal?

Intentar responder a esa pregunta es cómo querer dar respuesta al por qué de aquellos ángeles que parecían en la película de Win Wenders  Cielo sobre Berlín.

Aquellos compañeros del alma de muchos berlineses fueron lluvia de mi porvenir, un eco profundo y natural del terapeuta transpersonal que ya en 1989 vivía dentro de mí. Han sido necesarios todos estos años de vida para que descubriera quien soy realmente. No soy un ángel, pero me descubro observando desde la compasión las caras de los pasajeros del metro de Madrid, la ciudad donde vivo. Y me gustaría rodear con un abrazo invisible la espalda de quienes caminan delante de mí con tristeza en los ojos.

Berlin puede ser Madrid o cualquier otra ciudad del mundo. Son muchos los madrileños que viven atrapados en su cuerpo dolor y no se dan cuenta de que tal vez sea preciso que alguien les acompañe para abandonar el sufrimiento. Sé que esos hombres y mujeres no sospechan que desde mi silencio estoy acompañándolos. A veces, cuando me descubren observándoles,  sé que están lejos de reconocer en mí a un ángel en blanco y negro que les acompaña desde la compasión, el amor y el respeto. Ellos, los ángeles de la película podían escuchar sus pensamientos, en cambio yo solo puedo intuir du dolor llevándolos en mi corazón. Ha sido mi propio dolor el que me ha enseñado a escuchar el dolor de los demás. Y si yo le he sanado, ellos también pueden hacerlo.

Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.

Y es muy probable que no vivas en Madrid, pero no hay distancia real cuando un alma trata de acompañar a otra y que mientras viajo en metro o estoy en casa puedo escribir en mi teléfono palabras que Skype pronuncia a tiempo real al otro lado del mundo. Tal vez no puedas sentir la fuerza de mi abrazo sobre tu pecho, pero estoy seguro de que puedes sentir cómo brota tu propia fuerza de tu interior mientras hablas conmigo.

En la película los ángeles acompañaban a ciudadanos anónimos cuyos cuerpos ignoraban su presencia, pero no así su alma, y era bello observar cómo la confianza nacía allí donde antes había miedo.

Soy terapeuta porque es el camino más bello de todos los caminos que conozco, y cuando viajo en metro y observo el dolor de los demás, me hago esas preguntas que se hacía Peter Handke en el poema con el que se inicia la película:

Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy,
no fuera antes de devenir,
y que un día yo, el que yo soy,
no sea más ese que soy?