¿Por qué razón elegiste a tu pareja?

  • Un hombre elige a una mujer porque es muy parecida a su madre y puede dejar de amarla porque se parece demasiado.

  • Una mujer elige a un hombre opuesto a su padre y puede dejar de amarlo si descubre que no lo es tanto.

Muchas veces he observado que cuando llega ese ansiado momento en el que, por fin, he logrado conectar con alguien, luego no me siento satisfecho.

¿Por qué ocurre esto?

En este artículo voy a mostrarte cómo influyen en tu elección de pareja las viejas las heridas de la infancia que aún llevas contigo con tu niña interior o tu niño interior.

¿Se puede anticipar el riesgo en tu elección de pareja?

¿Por qué siempre te enamoras del mismo tipo de persona que te hace sufrir?

VIDEO-CURSO GRATUITO

12 Respuestas esenciales para sanar tus heridas de Amor

Éramos tan fuertes los dos que creímos que nada dolía, que creímos que no moriría ¿Dónde fue todo eso a parar cuando se empezó estropear?

Fangoria

El amor es desafío y riesgo, un espacio que solo puede conquistarse en compañía y construir entre los dos miembros de la pareja.

Decía Isabel Allende hace poco: “Me he enamorado de nuevo a los 75. No hay amor sin riesgo”

¿Dónde está ese riesgo? ¿Por qué no viste el iceberg que hizo naufragar la relación?

Cuando eliges a una persona como pareja no sólo lo estás eligiendo a él, o a ella, sino también todas tus expectativas, creencias y deseos que esa persona va a satisfacer cuando estéis juntos.

Crees que el otro es la cerradura perfecta para tu llave. La pieza que va a completar tu puzzle. El último cromo que pondrá fin a tu álbum de enamoramientos.

Pero todo eso que te gusta del otro, ¿realmente lo tiene? ¿o es tu imaginación quien lo viste con esas cualidades que solo tus ojos ven?

El programa de televisión First Dates nos da un buen ejemplo de las expectativas que sueles tener sobre tu pareja ideal:

  • Un amante perfecto.
  • Alguien que me proteja.
  • Alguien que me ayude a enfrentar los miedos.
  • Una persona que me permita abandonar la soledad.
  • Alguien me valore.

Cuanto más sepas de…

  • Tus creencias sobre quién eres de verdad.
  • Tus expectativas sobre lo que debe ser una relación de pareja.
  • Las necesidades afectivas que el otro debe satisfacer.

…más posibilidades tendrás de conocer al otro y anticipar el riesgo en tu futura relación de pareja.

Hasta ahora has creído que elegías a tu pareja sin hacer absolutamente nada por tu parte y que era la química o la fuerza del destino quien tomaba todas las decisiones.

De este modo llegas a la pareja con una larga lista de preceptos de lo que debe ser vuestra relación.

Te pones la chistera de director o directora del universo y empiezas a escribir, como dice Matilde Garvich, los debería del otro o los debería de tu relación.

Pero nadie tiene la obligación de hacer nada que esté en oposición a su verdadero sentir.

El único deber que tienes es ser fiel a ti misma y a ti mismo. Y cuando llega el conflicto solo hay un camino posible: la negociación. Nadie puede imponer al otro su voluntad.

¿Qué hacer cuando llega el dolor a la relación?

Lo primero que hay que hacer es escuchar el llanto de tu niña interior, de tu niño interior, que se manifiesta en en una sensación de profundo malestar.

  1. Observa ese malestar y reconoce por la emoción dolorosa que hay una creencia falsa en tu mente.
  2. Identifica esa creencia en ti.
  3. Observa el valor que tiene para ti esa creencia como mecanismo para fortalecer el concepto que tienes de ti misma o como mecanismo de defensa ante la realidad.

Una creencia muy común que provoca mucho malestar y que está detrás de muchos conflictos es la siguiente:

El otro tiene la obligación de darme aquello que deseaba de mis padres y que nunca me atreví a pedir.

Cuando comprendas que lo que exiges al otro es un problema tuyo no resuelto de tu infancia serás capaz de liberar a tu pareja de satisfacer tu expectativa.

Nuestro niño interior tiene la ilusión de que si recrea el escenario de la infancia puede resolver aquello que no pudimos gestionar en su momento porque éramos muy pequeños.

Se quejaba una mujer de que su marido viajaba mucho porque era director de orquesta y ella necesitaba más atención por parte de su pareja.

Su padre había sido marinero y pasaba muy poco tiempo en casa y esto la hizo sufrir mucho de niña.

Luego de adulta, ella elige una pareja que tiene que pasar largos periodos fuera de casa. Cada vez que ella se queda sola vuelve a revivir el abandono de su niñez. Entonces demanda a su marido que resuelva su herida de abandono de la infancia.

Cuando ella se da cuenta del parecido entre su elección de pareja y su historia infantil comienza a dialogar con su marido de otra manera.

Ella deja de exigir atención porque se da cuenta de que su marido no la abandona cuando se va de viaje con la orquesta.

Ella comprende que su herida de abandono se activa cada vez que su pareja se aleja del hogar, como pasaba antes cuando su padre se iba a navegar.

Cuando se da cuenta de que su demanda de atención solo es un mecanismo de defensa ante el abandono que sufrió de niña, enfoca la realidad de otra forma, desde la perspectiva de una mujer adulta y no la de una niña herida y asustada.

A través del camino del amor y la pareja puedes llegar a descubrir quién eres realmente.

Cuando profundizas en una relación aumenta tu necesidad de atender cuestiones básicas como

  • ¿Quién eres?
  • ¿Qué buscas?
  • ¿Cómo puedes manejar tus sentimientos?
  • ¿Cómo comprometerte?
  • ¿Cómo entregarte?

¿Podemos establecer una fórmula para lograr una buena relación de pareja?

Claro que no.

Pero, como he dicho antes, para mantener una buena relación de pareja es imprescindible ahondar en el conocimiento de uno mismo.

Esta es la única vía para comprender al otro y comprendernos a nosotros mientras observamos nuestra imagen reflejada en el otro.

Tu familia de origen ejerció una poderosa influencia sobre ti ya que te dio la seguridad y los recursos que necesitabas para tu bienestar y supervivencia.

Ellos fueron tu primera relación de amor, las primeras personas por las que sentiste un amor profundo y de las que fuiste totalmente dependiente.

Cuando somos niños la fuente del amor está fuera de nosotros, así desarrollamos los estilos de apego.

Si tus padres te hicieron sentir carencia de amor puedes reaccionar de distintas maneras:

  1. Rechazando el amor que te dan los demás.

Cuando encuentras una pareja que te da amor y temes perder ese amor, o temes que pueda abandonarte como sentiste que lo hicieron tus padres, entonces rechazas ese amor, anticipándote al dolor que pueda causarte.

Cuando una niña cree que sus padres no se ocupan de ella porque no es un niña buena puede sentirse triste y vacía mientras piensa: Nadie me quiere porque soy mala.

Entonces para protegerse de ese dolor la niña genera una creencia del tipo: No importa. No necesito a nadie. De este modo crea una coraza protectora que le impide recibir el cariño de otras personas. Este es su mecanismo de defensa ante la realidad.

De esta manera hará todo lo posible para que la persona que le ofrece su amor desista de su intento y termine por abandonarla, fortaleciendo así el concepto que tiene de sí misma: Nadie quiere estar conmigo.

A medida que fortalece esa creencia falsa fortalece también la necesidad de protegerse y la coraza que le impide recibir el amor de los demás.

De este modo una falsa creencia de nuestra mente puede convertirse en una profecía autocumplida: Pienso que nadie quiere estar conmigo, me protejo para no sufrir y al final termino solo.

  1. Demandando el amor que no recibes.

Otras veces vives la relación demandando a tu pareja ese amor, esa ternura y esas caricias que no recibiste en la infancia.

Y esta demanda puede hacerse de forma obsesiva y por mucho que tu pareja te dé siempre vas a sentir esa falta de amor que no obtuviste.

Las heridas de nuestro niño interior no puede resolverlas nuestra pareja y hasta que no seamos conscientes de ese dolor seguiremos recreando los escenarios infantiles.

¿De qué manera?

Buscando parejas que abandonan, con la ilusión de que el otro podrá curar aquello que solo nosotros podemos sanar.

  1. Ocultar nuestra necesidad de amor.

Otra reacción posible a una niñez carente de afecto es la contraria a la demanda ansiosa de amor. Se trata de esconder y negar tu necesidad de afecto y amor porque tienes miedo de mostrarla.

Temes que se rían de ti, que no te den lo que buscas o que te lastimen. Entonces te mientes y simulas que no necesitas nada, que eres autosuficiente.

Como la zorra de la fábula dirás “Están verdes” mientras te alejas de las uvas que no puedes alcanzar.

Cuando iba a las discotecas me sentía invisible y luego cuando subía las escaleras de vuelta a casa solo y triste porque nadie había querido ligar conmigo, me decía a mi mismo, la verdad es que no había nadie que mereciera la pena.

Mi propia historia eligiendo pareja

Si, por el contrario, tuviste unos padres muy controladores, invasores, que se entrometían en tu vida, el miedo que surgirá en tus relaciones es que la pareja te invada, te oprima y te sofoque emocionalmente.

En una relación de a dos, damos lo que recibimos y pedimos lo que nos faltó, repitiendo viejas escenas del drama de la niñez.

 Matilde Garvich

Si tus padres no valoraron tu necesidad de independencia exigirás que tu pareja te permita espacios propios.

Cuando era niño, tal vez, necesitaba independencia e intimidad y me acostumbré a ocultar mis emociones y mis sentimientos. O tal vez no me dejaron expresarme libremente porque mis padres estaban siempre encima de mi, el caso es que entonces construí la creencia: Mejor me callo, y así no molesto.

Fui un niño muy tímido. La timidez fue una máscara que desarrollé para protegerme del dolor que me causaba las relaciones (con otros niños, con mis maestros, con mis familiares o con el cura cuando era monaguillo).

Luego cuando estaba en pareja y mi pareja no satisfacía mis necesidades seguía guardando silencio, esperando que el otro adivinara lo que estaba necesitando.

Recuerdo una vez que fui al mercado con una pareja con la que llevaba poco tiempo. Él propuso que compráramos una piña. A mi no me gustaban las piñas, pero me callé, “mejor me callo y así no molesto”. Cuando después de comer llegó la hora del postre desvelé mi secreto y mi novio se enfadó porque no había querido confiar en él y decirle la verdad.

Por experiencia sé que la expectativa de que el otro adivine lo que estoy necesitando solo genera frustración y alejamiento en la pareja.

Solo si somos capaces de expresar sin miedo lo que necesitamos podremos comprobar si nuestra pareja puede o no dárnoslo.

Según todo lo que hemos visto son las historias individuales de cada uno las que suelen generar las situaciones de conflicto.

El que tiene un conflicto con el otro en realidad lo tiene consigo mismo.

En mi primera relación de pareja, uno de nosotros fue un niño herido y sediento de afecto y el otro tuvo una infancia opresiva con un férreo control de los padres. Entonces nuestra relación fue difícil pues cada uno le pedía al otro precisamente lo que no pudo recibir durante la infancia. Él me pedía atención y afecto y yo le pedía independencia y libertad.

Yo que temía la opresión que había sufrido en mi infancia busqué inconscientemente una pareja que temía el abandono que él había sentido en la suya.

Inconscientemente cada uno recreaba el escenario de las heridas de la infancia. Uno recreaba un escenario de agobio y el otro un escenario de abandono.

Cada vez que él demandaba mi presencia y mi afecto yo me alejaba para no sentirme, otra vez, agobiado. De este modo, con mi alejamiento, él se sentía, de nuevo, abandonado.

Fuimos a terapia convencidos de que la causa de nuestro malestar estaba en el otro.  Entonces ambos éramos inconscientes de nuestras historias individuales.

Tuvieron que pasar varios años hasta que nos dimos cuenta de que el malestar que sentíamos era el llanto desesperado de nuestro niño interior.

¿Cómo podemos sanar las heridas de nuestro niño interior?

Estas heridas pueden ser sanadas si somos capaces de profundizar en nosotros mismos.

Ahora tengo una excelente relación con mi primera pareja y han tenido que pasar muchos años para que ambos nos hiciéramos conscientes de que lo que nos impide vivir plenamente de adultos es precisamente lo que nos ha faltado de niños.

Es entonces cuando podremos dejar de proyectar en el otro la causa de nuestro malestar y desarrollar los recursos necesarios para responsabilizarnos de nuestros sentimientos de abandono o de nuestra necesidad de libertad.

Muy pocas veces nos detenemos a pensar seriamente: ¿Quién soy yo en realidad? ¿Qué quiero para mí?

Mientras seamos inconscientes de lo poco que nos conocemos tampoco podemos conocer al otro ni permitirle que nos conozca. Hasta que no salte a la luz de nuestra conciencia el peso de nuestra historia infantil, seguiremos relacionándonos con nuestra pareja de forma similar a la aprendida de la niñez.

Matilde Garvich

 

Observa si te has preguntado alguna vez ¿Quien soy yo en realidad? ¿Qué quiero para mi? Contesta en los comentarios.

Recuerda que cuanto más sepas de ti misma, de ti mismo, más posibilidades tendrás de conocer al otro y anticipar como será su relación contigo.

Si te ha gustado el artículo y crees que puede ser útil para más gente que como tú quiere mejorar y fortalecer su relación de pareja compártelo en tus redes sociales.

Y no te olvides de compartir tu experiencia abajo en los comentarios.

Si no te has suscrito aún a mi canal de YouTube hazlo ahora y estarás al día de todos los nuevos vídeos que publico.

Ubuntu!!