Por Cristina García Zamora, creadora del blog Behappiest.com

 

El psicólogo estadounidense, Gottman, es una de los mayores especialistas en terapias de pareja del mundo y codirector en la Universidad de Washington del Seattle Marital and Family Institute.

En su conocido laboratorio del amor, espacio donde lleva a cabo la observación de las parejas que acuden a consulta ha conseguido predecir con una precisión del 91% si una pareja seguirá felizmente unida o se separará.

Además, es capaz de hacer esta predicción después de escuchar a una pareja en su laboratorio del amor durante solo cinco minutos.

Estas predicciones no se basan en el azar, sino en una recopilación de datos científicos que Gottman y su equipo de colaboradores han reunido durante años de estudio.

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Claves para identificar si tu matrimonio está en riesgo

Gottman ha encontrado en sus investigaciones que algunas señales de negatividad, entre las parejas, son tan letales que pueden acabar destruyendo tu relación.

Estas señales de negatividad son conocidas como “los cuatro jinetes del apocalipsis” y predicen en un 91% las probabilidades de que una relación fracase.

Los cuatros jinetes del Apocalipsis

Las críticas

Siempre tendrás alguna queja sobre la persona con la que vives. Pero entre las quejas y las críticas hay una diferencia abismal, que es importante que entiendas.

Una queja solo se refiere a una acción específica en la que tu pareja ha fallado, en tu opinión. Se centra por tanto en un comportamiento específico.

La crítica es más global, es incluye palabras negativas sobre el carácter o personalidad de tu pareja. Una crítica va más allá de la queja, incluye culpa y difamación.

Es importante, por tanto, no abusar de la crítica y centrarnos en comportamientos específicos a la hora de expresar nuestro malestar sobre determinadas conductas.

Además, es recomendable entender y conocer cuál es el lenguaje de amor que utiliza nuestra pareja para mejorar nuestra comunicación con ella.

Desprecio

El sarcasmo y el escepticismo son formas de desprecio. Lo mismo puede decirse de los insultos, el gesto de poner los ojos en blanco, la burla y el humor hostil.

El desprecio, en cualquiera de sus formas, envenena las relaciones porque implica disgusto. Este aumenta siempre el conflicto, en lugar de favorecer la reconciliación.

Con el desprecio se exacerban por los pensamientos negativos sobre la pareja, guardados durante mucho tiempo. La beligerancia o el enfado, prima del desprecio, y es igualmente letal para una relación.

Es una forma de enfado agresivo porque contiene una amenaza o una provocación.

La actitud defensiva

La actitud defensiva no hace sino agravar el conflicto y en el contexto de una discusión es especialmente peligrosa, dado que el cónyuge que se muestra agresivo responsabiliza al otro de su enfado y al adoptar una actitud defensiva se perpetúa este bucle.

La actitud evasiva

En matrimonios donde las discusiones tienen un planteamiento violento, donde las críticas y el desprecio provocan una actitud defensiva, finalmente uno de los miembros se distancia y esto augura la llegada del cuarto jinete: la actitud evasiva.

Esta actitud se adopta cuando en lugar de enfrentarse a su pareja, uno de los miembros se distancia. Al apartarse del conflicto, evita la pelea, pero está también poniendo en peligro su relación.

Como si oyera llover la persona evasiva actúa como si no le importara en absoluto lo que el otro dice, como si ni siquiera lo oyera.

La actitud evasiva suele llegar más tarde que los otros tres jinetes. Hace falta tiempo para que la negatividad creada por los tres primeros jinetes crezca hasta tal punto que la evasión se convierta en una salida comprensible.

Generalmente las personas recurren a la evasión como una protección para no sentirse abrumadas.

Cuanto más abrumado te sientas por las críticas o el desprecio de tu pareja, más alerta estarás ante las señales que indican que tu pareja está a punto de “estallar”.

Lo único que puedes pensar es en protegerte de la turbulencia que causan los ataques de tu pareja. Y la forma de lograrlo suele ser el distanciamiento emocional, que suele ser la antesala de la infidelidad y de la separación.

Matrimonios emocionalmente inteligentes

Por el contrario, lo que hace que un matrimonio funcione es, en opinión de Gottman, muy sencillo. Las parejas felices no son las más listas, más ricas o más astutas psicológicamente hablando.

Son las que en sus vidas cotidianas han adquirido una dinámica que impide que sus pensamientos y sentimientos negativos sobre el compañero (que existen en todas las parejas) ahoguen los positivos.

Recientemente la inteligencia emocional ha sido ampliamente reconocida para predecir las posibilidades de éxito de una persona en el desempeño de su vida diaria.

La investigación científica demuestra que una persona que está en contacto con sus emociones, y sabe comprender a los demás y relacionarse con ellos, tiene un futuro prometedor sea cual sea su coeficiente intelectual académico.

Lo mismo rige para los matrimonios. Una pareja emocionalmente inteligente, es decir, aquella que sabe comprender y respetar al compañero y la relación que mantienen, tiene más probabilidades de ser feliz en su unión.

De la misma manera que los padres pueden enseñar a los niños a ser emocionalmente inteligentes, una pareja puede aprender también esta habilidad.

La inteligencia emocional puede impedir que una pareja entre en las estadísticas de divorcios.

¿Por qué fracasan los matrimonios?

En la actualidad la mayoría de las parejas opta por separarse cuando llegan a un punto donde sus diferencias parecen irreconciliables. Si bien, en algunos casos, esta puede ser la mejor o incluso única opción, cabe valorar otras posibilidades.

Las estadísticas de divorcios arrojan cifras muy serias. Las posibilidades de que un primer matrimonio acabe en divorcio en un periodo de cuarenta años es del 67 por ciento.

La mitad de los divorcios se producen durante los primeros siete años.

Las posibilidades de divorcio son tan altas, que todas las parejas – incluso aquellas satisfechas con su relación- deberían hacer un esfuerzo extra para mantener sólido su matrimonio o relación de pareja.

Una de las razones más tristes por las que un matrimonio fracasa es que ninguno de los cónyuges reconoce su valor hasta que es demasiado tarde.

Solo después de firmar los documentos, repartir los muebles y alquilar apartamentos separados se dan cuenta de lo mucho que han perdido.

¿Por qué salvar tu matrimonio?

A menudo, un buen matrimonio se da por sentado, no se valora y no se le dedica el respeto y el cuidado que merece y necesita.

Algunas personas pueden pensar que divorciarse o languidecer en una relación infeliz no es nada serio.

No obstante, cada vez más la investigación demuestra que un matrimonio infeliz aumenta en un 35 por ciento las posibilidades de caer enfermo, e incluso acortar nuestra vida en un periodo medio de cuatro años.

Por el contrario, las personas felizmente casadas o emparejadas viven más tiempo y disfrutan de mejor salud que las divorciadas o las involucradas en una relación infeliz.

Parte de la respuesta puede ser que en un matrimonio infeliz experimentamos un estímulo fisiológico crónico y difuso, que nos hace sentirnos estresados física y emocionalmente.

Esto supone un desgaste extra para el cuerpo y la mente, que a su vez puede desarrollar una variedad de enfermedades físicas, incluyendo hipertensión o enfermedades coronarias, y diversos trastornos psicológicos como ansiedad, depresión, suicidio o violencia.

No es sorprendente que las parejas felizmente casadas muestren un índice mucho más bajo en estas enfermedades.

Estas parejas tienden a ser más conscientes de su salud emocional y física y de la de su cónyuge.

Las diferentes investigaciones sobre el tema han encontrado que un buen matrimonio o relación de pareja nos hace más sanos, beneficiando directamente nuestro sistema inmunológico, el cual estimula las defensas del cuerpo contra la enfermedad.

Un buen matrimonio o relación de pareja mejora, por tanto, la salud y aumenta la longevidad.

Cuando un matrimonio comienza a hundirse, no son los cónyuges, los únicos que sufren. Los hijos padecen igualmente.

Así, los niños que viven en hogares con gran hostilidad matrimonial sufren elevados niveles de estrés y tienen más probabilidades de desarrollar problemas de conducta, entre otros.

Una conclusión importante derivada de estos descubrimientos es que no es sensato aguantar un mal matrimonio por el bien de los hijos.

Es claramente dañino criar hijos en un hogar dominado por la hostilidad entre los padres.

Un divorcio pacífico es mejor que un matrimonio en guerra.

¿Y ahora qué?

Vistos los datos, creo que parece relevante invertir tiempo y esfuerzo en cuidar de nuestras relaciones, especialmente de nuestra pareja, dado que constituye un pilar fundamental en nuestras vidas, en nuestro bienestar y en nuestra salud.

 

El poder de la gratitud

Si has identificado alguno de los cuatro jinetes del apocalipsis, puedes neutralizarlos desde hoy mismo. ¿Cómo?

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Cristina García Z

 

ACERCA DE MÍ

Soy Cristina, creadora del blog, http://www.BeHappiesT.com. Doctora en Psicología Positiva. Ayudo a las personas a mejorar sus relaciones interpersonales y construir relaciones más positivas y saludables, a través del aprendizaje de recursos y herramientas psicológicas validadas científicamente.  LEER MÁS