Francisco Javier Gutiérrez

Soy Francisco Javier Gutiérrez y me dedico a mejorar la comunicación y fortalecer los vínculos con tu pareja, ayudándote a buscar dentro de ti aquello que crees que falta en tu relación.

Trabajo principalmente con mujeres que han detectado que su relación de pareja no sigue su propio ritmo de crecimiento personal y sienten que la relación ya no les aporta lo que ellas necesitan.

Para sanar esta necesidad de sentirnos completos no tenemos que poner el foco en lo que está fuera de nosotros, sino en uno mismo. Trabajando el crecimiento y la consciencia en uno mismo se resolverán aspectos de cada uno que luego influirán de forma positiva en la pareja.

¿Cómo sabes si necesitas trabajar tu crecimiento personal dentro de tu relación de pareja?

La pareja es el mayor de los espejos donde se reflejan nuestras mayores cualidades y nuestras sombras más escondidas.

Observa si has experimentado alguna de estas situaciones:

  • Sientes que la evolución de tu relación de pareja no sigue tu propio ritmo de crecimiento personal.
  • Anhelas una relación de pareja que aporte paz y serenidad a tu vida.
  • Quieres alcanzar el bienestar sanando la calidad de los vínculos en tu relación de pareja.
  • Tienes dudas de que tu pareja no sea ese alma afín que tu evolución personal necesita.
  • Piensas que para sostenerte en el seno de una pareja estable tienes que hacer un trabajo interno para lograr ser la mejor amiga de ti misma.
  • No puedes dejar de creer que tu pareja debe darte la felicidad y resolver asuntos que, en el fondo, sabes que solo son de tu incumbencia.
  • Esperas llenar tu vacío con la llegada de alguien que prometa tapar tus carencias.
  • Te cuesta atraer parejas a tu vida o repites a menudo el mismo patrón de conducta con cada nueva relación.
  • Focalizas tu atención solo en tu energía femenina (o masculina) y dejas que tu pareja se encargue de la parte masculina (femenina) de la relación.

Estos solo son algunos ejemplos, pero seguro que te has identificado con alguno de ellos.

Te acompaño mientras descubres tu increíble capacidad para amar.

Nuestras relaciones son el escenario del conflicto. En ese escenario surgen sentimientos dolorosos que te hacen daño.

Odio, ira, rabia, rencor, son aspectos que surgen cuando te sientes atrapada en alguna situación de enredo o amenaza.

La gran noticia que te traigo es que puedes poner amor y consciencia en cada situación destructiva con tu pareja.

Y terminar comprendiendo que el verdadero enemigo no está en ese rostro masculino que te altera, sino que se encuentra dentro de ti cuando observas lo que hay debajo de aquello que genera tu tensión.

La apertura de tu corazón te permite ver al otro como un igual en esencia.

Todo lo demás son disfraces en el juego de las apariencias.

Tú eres un ser social y vienes de serie con una increíble capacidad amatoria.

Has nacido con la cualidad y el privilegio de despertar el amor como fuente de paz y auténtico poder como persona dentro de tus relaciones.

“Un hombre depende en gran medida de la mujer para que haya luz en su familia y en su relación de pareja. Pues no está bien equipado para encontrar el significado por sí solo.”

Robert. A Johnson

A menudo tu pareja puede sentirse que su vida es estéril, si no hay nadie que dé un sentido a la vida para él.

La mayoría de los hombres necesitan de lo femenino para sentirse válidos. Esa sensación de valía solo puede ofrecérsela una mujer, esposa, madre o, si son muy conscientes, su propia energía femenina.

El universo conspira para que la conciencia se expanda y puedas descubrir el gran tesoro que un día se escondió en tu corazón.

Si estás leyendo esto es que sientes la necesidad de encender una luz que ilumine tu actual o futura relación de pareja.

Te invito a encender la Lámpara de Psique para que despiertes tu capacidad para ser consciente. La luz siempre es el símbolo de la conciencia, tanto en las manos de un hombre como en las manos de una mujer.

Y mi forma de acompañarte en este Camino del Amor y la Pareja es regalándote un video-curso de cuatro vídeos sobre como sanar tus conflictos de pareja.

Si quieres acceder al curso solo tienes que apuntarte abajo y suscribirte.

¿Por qué pienso que soy el hombre que puede acompañarte en el despertar a tu vida amando en pareja?

Porque siempre fui un chico anti-pareja. La pareja no es para mí, solía pensar, tal vez para protegerme de la frustración que me producía mi orientación sexual.

La creencia de que el amor romántico no era para mí, era tan profunda que cuando veía películas de amor nunca me identificaba con los protagonistas.

Por eso ayudo a mejorar las relaciones de pareja, porque la pareja ha sido mi caballo de batalla y mi asignatura más difícil y porque pienso que las relaciones de pareja ofrecen un terreno fértil para observarnos y para aprender a abrir nuestro corazón.

Te puedo asegurar que en ese aprendizaje soy experto porque yo tenía un corazón coraza que tuve que desarmar para poder compartir mi vida con otro y para aprender a gestionar mis sombras y mis conflictos.

La pareja es la gran oportunidad para crecer, madurar y amar.

Gracias a la pareja pude descubrir el conflicto que tenía con mi manera masculina de ver la relación.

Cuando yo nací mi madre esperaba una niña.

Así que es posible que lleve toda mi vida haciéndome preguntas sobre mi condición de varón y lo que significa ser hombre.

Tuvieron que pasar muchos años para que me diera cuenta de que tenía que responder por mí mismo a esas cuestiones.

Fue entonces cuando descubrí que la energía masculina no es exclusiva de los hombres ni que tampoco la energía femenina es exclusiva de las mujeres. Aunque tenemos una fuerte preferencia por una de ellas, una polaridad femenina o masculina.

Mi pareja me dejó porque no se sentía amado por mí.

Yo no podía entender qué era lo que estaba haciendo mal para que mi amor fuera invisible para él.

Todavía recuerdo a la sicóloga diciendo que no podíamos entendernos porque hablábamos diferentes lenguajes.

De esta manera me esforcé en mostrar mis sentimientos con mis siguientes relaciones de pareja. Pero no era nada fácil.

Tardé algún tiempo en darme cuenta de que, como polaridad masculina, yo amaba a mis parejas desde la cabeza antes que desde el corazón.

Es decir que entre mi cerebro y mi corazón había un gran abismo infranqueable.

¿Por qué tenía tantas dificultades para crear un puente entre ellos?

Cuando era niño recuerdo que mi abuela me decía que ya era más grande que un día sin pan para ponerme a lloriquear.

A través de la familia, la escuela y la sociedad, había recibido un modelo de ser hombre que me debilitaba y me cansaba.

Fue una profunda crisis de pareja la que me trajo una de las comprensiones más importantes de mi vida:

El que tiene un conflicto con el otro en realidad tiene un conflicto consigo mismo.

Entonces dejé de buscar la felicidad en el otro para empezar a buscarla dentro de mí.

Asumí mi propia responsabilidad en todas las decisiones de mi vida, sobre todo en mis conflictos de pareja, y dejé de buscar culpables.

Me puse a explorar de forma consciente mi propia masculinidad

Así, conectando profundamente con mi sentido de misión, me formé como terapeuta en la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal y me especialicé en Terapia Transpersonal de Parejas.

A medida que más consciente me hacía de mi lado masculino más se desarrollaba mi comprensión y mi experiencia del lado femenino.

Me di cuenta de que, hasta ese momento, había vivido en piloto automático siguiendo unos patrones mentales aprendidos antes que elegidos.

Pero yo solo no pude darme cuenta.

Me tuvieron que ayudar, con sus amorosas demandas y con su luz consciente, mis parejas.

Desde aquí las honro y les hago llegar todo mi amor.

Recuerdo cuando mi primera pareja encendió para mí la lámpara de la conciencia, cuando me dijo:

“Sentémonos a hablar de lo que nos pasa”

Él, desde su polaridad femenina, fue quien facilitó mi crecimiento.

Y tengo que reconocer que estaba muy asustado. Mi energía masculina tenía miedo a lo femenino. Hacer toma de conciencia de lo que pasaba en nuestra pareja y penetrar en mi corazón era muy difícil para mí.

Recuerdo que me enfadé. “A nosotros no nos pasa nada”, le dije.

Entonces no me daba cuenta, pero detrás de ese enfado estaba mi miedo a lo femenino y mi forma de ocultarlo era ponerme gallito.

Estoy seguro de que tú tienes muchas cosas que enseñarme. Ahora soy yo el que te dice:

“Sentémonos a hablar de lo que te pasa”.

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